| Sobre la gestión de personas en los procesos de innovación |
![]() Enric Barba Ibáñez es doctor ingeniero en Telecomunicación; máster en Gestión y Organización de Empresas por la UPC (Universitat Politècnica de Catalunya); máster Black Belt en la metodología Six Sigma; y ha cursado programas de alta dirección en IESE, IMD y el EU-Japan Centre. Ha sido el número 1 de la 4ª promoción de ingenieros de Telecomunicación (UPC) y Premio Nacional al Mejor Becario; también ha obtenido el Premio EADA 1992 a la mejor obra de gestión empresarial y el Premio ENBIS 2011 al mejor directivo europeo. Ha desempeñado cargos directivos en Terra, Sony, Roca y Philips, y, desde 2006, es el director general de la División B2B de CIRSA. Colabora como profesor en ESADE y la UPC, ha presentado ponencias en congresos internacionales sobre Estadística y es autor de diversos libros sobre innovación y Six Sigma. Su blog personal es: www.enricbarba.com 1. El equipo cohesionado Puesto que una empresa está organizada funcionalmente, la pertenencia a cada área funcional genera un sentido de tribu, con el peligro de que los intereses tribales tiendan a prevalecer. Los comités de nuevos productos suelen estar constituidos por miembros de diferentes tribus, de modo que la máxima prioridad de quien preside un comité de nuevos productos es la formación de una nueva tribu, la de la unión de todos con la única misión de luchar contra la competencia. El mensaje básico es el siguiente: logre la cooperación interna, porque el enemigo es la competencia. Por ello, si usted forma parte de un comité de nuevos productos, invierta sus energías en una sola batalla: superar a la competencia. Sus colegas en otros departamentos son miembros de su mismo equipo. Es fundamental evitar los comités de nuevos productos donde cada director de departamento busca su propio interés, a costa del beneficio global de la empresa. Participamos en comités para innovar, no para hacer política. El líder del comité de nuevos productos debe ser capaz de convencer a los miembros del comité de que el objetivo principal consiste en lanzar el mejor producto lo antes posible y, por tanto, no hay que perder tiempo en luchas internas que no añaden valor. Es esencial transmitir que el éxito colectivo del grupo contribuirá al éxito individual.
2. Búsqueda del mejor producto, no del consenso Discrepo de la actitud del directivo que propone la búsqueda del consenso, cuando le pagan por tomar decisiones. Es un hecho habitual cuando examinamos la gestión de la innovación en muchas empresas, por ejemplo, tras sesiones maratonianas de comités que definen nuevos productos. El consenso de una comisión se producirá cuando todos sus miembros acepten caminar juntos con la manada. Y la regla de oro de la manada es: más vale equivocarse juntos que acertar en solitario. Por eso, en mi opinión, el consenso no es válido en un comité de innovación. El objetivo de un comité de nuevos productos no es que todos estemos de acuerdo, sino que diseñemos el mejor producto. La consecución de este objetivo requiere debate, discusión abierta, análisis y revisión de escenarios. Si tienes a dos personas que piensan lo mismo, despide a una de ellas. ¿Para qué quieres tener duplicados? Jerry Krause, ex manager de los Chicago’s Bulls La existencia de un contraste abierto de ideas es clave para la innovación, aunque eso no significa que sea sencillo ni tranquilo de manejar. No obstante, el equipo debe entender que, a pesar de que haya opciones distintas, no se adoptará una solución porque tenga consenso, sino porque cumpla con los objetivos estratégicos de la empresa, siendo la decisión final responsabilidad del director de innovación o, en su caso, de la dirección general.
3. Cooperación con los proveedores Es necesario formar al personal para que aprenda a cooperar con los proveedores, para que los seleccione en base a su competencia técnica, calidad, fiabilidad, flexibilidad, etc., para que colabore con ellos en el diseño del nuevo producto. En caso contrario, el codiseño no funcionará. Si no estamos convencidos de que estas prioridades son claves para innovar con éxito, tanto en el producto como en el proceso, de que de este modo los costes operativos globales serán más bajos, de que el producto se lanzará al mercado antes y a un coste más bajo, no lograremos progresar con esa innovación organizativa. Existe una fórmula de reflexión válida para cualquier innovación organizativa: la efectividad (E) de una idea, es igual a su calidad (Q) intrínseca multiplicada por su grado de aceptación (A). Si el nivel de calidad de la idea de la colaboración con un proveedor (Q) es igual a 10, pero el grado de aceptación por parte de su personal (A) es igual a 0, su efectividad (E) será nula: E= 10x0 =0. Si el personal sigue teniendo en su mente las prioridades de la gestión industrial de hace 30 años, no avanzaremos. Es necesario que estén convencidos de que estas nuevas prioridades son clave para la innovación en la empresa. Eso requiere formación continua y entender que las relaciones con los proveedores que están enfocadas tal como planteo en estos consejos, están avaladas por su éxito en compañías como Apple, Toyota, Daikin, etc.
4. Formación de los proveedores en Lean y Six Sigma Obviamente, para que este consejo pueda implantarse requiere que su empresa haya optado por la aplicación de ambas técnicas de gestión. En este contexto, no basta con que solo nosotros las apliquemos. Nuestros proveedores son socios en la innovación, así que si ellos tienen unos criterios de gestión distintos a los nuestros, no lograremos el éxito en la innovación. Más allá de que los proveedores implanten, por ejemplo, nuestro mismo sistema de CAD, es necesario actuar sobre las personas, es fundamental formarlos de modo que compartan nuestras mismas ideas de gestión empresarial. Del mismo modo que tenemos que exigirles que cumplan con elevados requerimientos de productividad y calidad, debemos proporcionales las herramientas formativas, directa o indirectamente, en Lean, para reducir los costes operativos, y Six Sigma, para que no lo hagan a costa de la calidad. De esta forma, tendremos un lenguaje empresarial común, que fomentará la innovación continua en producto y proceso, la calidad y la productividad.
5. Cooperación interna en la implantación de nuevas tecnologías Las nuevas tecnologías suelen acompañar a los productos más innovadores. La adopción de esas tecnologías requiere un esfuerzo y un compromiso por parte de las personas que intervienen en el lanzamiento de un nuevo producto, en especial en el área de producción. Es importante tener en cuenta que la transferencia de ideas o de conocimiento dentro de una empresa se puede ver frenada por diversas barreras, que derivan en la pérdida de tiempo y dinero. Cuando el tiempo es crucial para llevar nuevas ideas y tecnologías al mercado, deberíamos eliminar todas las posibles trabas entre departamentos. Eso requiere la cooperación entre personas de distintos perfiles y niveles profesionales, ubicadas en distintos departamentos: I+D+i, producción, logística, etc. Es necesaria la ejecución perfecta de las transiciones entre departamentos, con la aplicación del trabajo en paralelo tanto como sea posible; en la definición de antemano de dónde se aplicarán esas nuevas tecnologías; dónde se lanzará el nuevo producto, en qué segmento de mercado; la logística y el plan de acción. Todo ello deberá contar con contramedidas frente a los posibles riesgos potenciales definidos a priori, tanto tecnológicos como comerciales.
6. Delegación de responsabilidad en los equipos La presión actual en los directores de departamentos hace que dediquen un tiempo insuficiente a pensar cómo mejorar sus procesos de negocio. Solo hay una manera de lograr ese tiempo de reflexión: delegando – no abdicando – en colaboradores que puedan ejecutar el trabajo operativo con mayor conocimiento y experiencia. Hay que descentralizar. Eso implicará más ensayos estadísticamente independientes. Si tenemos, por ejemplo, un portafolio de nuevos productos basado en seis equipos dedicados a seis proyectos distintos, con diferentes líderes de proyecto, aumentaremos las probabilidades de éxito comparadas con el enfoque de una organización funcional clásica. Es necesario delegar. Deben definirse políticas y normas claras de delegación de poder, para ayudar a la ejecución de los proyectos de innovación en los plazos y costes previstos. En particular, se debe dar mayor autoridad a los directores de los equipos de proyecto, hecho que revertirá en una toma de decisiones más rápida y eficaz. Esto requiere que los directores funcionales estén totalmente alineados con la estrategia de innovación definida por la dirección general, con los objetivos previstos y con las diversas maneras en que vamos a lograr esos objetivos. Solo cuando existe un conjunto claro e inspirador de objetivos se pueden transmitir a la organización. Y cuando todo el mundo los entiende y los hace suyos, será posible la delegación de autoridad. Asimismo, conocer las razones de las decisiones de la dirección general suele crear motivación en los equipos de innovación.
7. Epílogo: Los principios de la innovación según Steve Jobs Aunque Steve Jobs tiene muchos detractores, para mí sigue siendo una referencia profesional y personal. Como superviviente, como él, de un cáncer, esa frase suya en su discurso en Stanford en 2005, donde decía que cada mañana nos miremos en el espejo y nos preguntemos: «Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?» quedará siempre en mi memoria. Mientras revisaba el manuscrito final de este libro compré en Nueva York el libro de Carmine Gallo sobre la innovación en Apple. Me pareció tan bueno que, tras su lectura, decidí reelaborar algunas de sus ideas y añadir como epílogo una serie de principios que estoy convencido que son algunos de los que Steve Jobs aplica en su carrera profesional y que, por tanto, pueden sernos útiles para ayudarnos a pensar de un modo diferente y fomentar las condiciones para innovar con éxito en nuestras empresas. Aquí están:
Extracto de la obra Innovación. 100 consejos para inspirarla y gestionarla. Libros de Cabecera, 2011 |
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