Miércoles, 19 Junio 2013
| Para innovar necesitamos un plan |
![]() Juan Vicente García Manjón, doctor en Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, es profesor de Innovación Empresarial en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Ha sido director del Departamento de Fondos Europeos de la Fundación Universidad Empresa de Valladolid y del Centro de Empleo de la Universidad de Valladolid, así como socio fundador de Gateway-SCS y del portal Euroalert.net. También ha trabajado como evaluador de I+D para la Comisión Europea dentro del VI y VII Programa Marco, y ha sido vicepresidente del Centro Tecnológico para el Desarrollo de las Telecomunicaciones en Castilla y León. Es coordinador editorial de la serie Pocket Innova (Editorial Netbiblo), colección especializada en la difusión de la innovación para empresas y profesionales. Además trabaja como coeditor del blog openeconomy.net.
1. Innovar para ser más competitivos
Las empresas, todos las empresas, buscan ser más competitivas y son conscientes de que la innovación puede ayudarles a conseguir este objetivo.
La competitividad la podemos entender como la capacidad que desarrollan las empresas para actuar adecuadamente en los mercados y mantenerse en ellos produciendo de forma rentable.
Son varios los puntos clave del concepto de competitividad. En primer lugar, la competitividad depende hoy en día más de factores intangibles, como el conocimiento y la innovación, que de factores tangibles como el capital financiero, necesario, por supuesto, pero no suficiente.
La competitividad se basa en la creación por parte de las empresas de ventajas competitivas, es decir, de un saber hacer único que pueda sostenerse en el mercado durante el periodo más largo de tiempo posible.
Los mercados, es decir, los consumidores deben reconocer y percibir esa ventaja competitiva como diferente, útil y de valor.
Además, no basta hacer un buen negocio una vez, sino que éste debe ser objeto de réplica y de procesos de aprendizaje que le den sostenibilidad o permanencia en el tiempo.
Por último, si el negocio no es rentable, o potencialmente rentable, no tiene sentido asistir al juego de la competencia en los mercados.
Pero, ¿de qué depende la competitividad de las empresas? Para contestar a esta pregunta hay que hacer referencia al carácter sistémico de la competitividad, es decir, a la existencia de múltiples factores que influyen en él.
La capacidad de las empresas para competir aparece influenciada por el propio entorno donde actúa la empresa, por las políticas sectoriales, por las instituciones y las leyes con las que interactúa y por la propia gestión y estrategia empresarial. Por tanto, el margen de maniobra con el que cuenta la empresa se centra en el nivel micro, es decir, el de la propia empresa, pero su competitividad se ve afectada por el resto de factores.
Estos factores han sido estudiados por instituciones como el World Economic Forum, que a través del Global Competitiveness Report analiza los principales elementos que influyen en la competitividad de un país. Según este organismo existen doce pilares en los que se asienta la competitividad de un país, los cuales detallamos a continuación:
Los cuatro primeros se consideran requerimientos básicos para la competitividad de un país, mientras que los seis siguientes son considerados como factores que potencian la eficiencia. Los dos últimos, desarrollo empresarial e innovación, son claves para las economías orientadas a la innovación.
Según el Global Competitiveness Report (2009-2010), España ocupa el puesto 33 en competitividad a nivel mundial. Según el informe, España ha caído desde el puesto 29 del anterior informe. Pese a la existencia de factores positivos como el acceso a un gran mercado, pesan excesivamente factores negativos como el entorno institucional, la capacidad de innovación y sobre todo las ineficiencias del mercado de trabajo, todo ello bajo un aumento del deterioro de las magnitudes macroeconómicas. En este último punto España ha caído del puesto 30 al 62 debido al incremento del déficit público.
Suiza arrebata a Estados Unidos el trono de país más competitivo del mundo. Singapur, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Alemania ocupan los siguientes puestos en la clasificación mundial. A la vista de estos resultados, hemos de entender que una empresa encontrará más fácil desarrollar su competitividad en cualquiera de estos países que en cualquier otro que se encuentre por debajo en la clasificación.
Pero no solo los factores del entorno afectan a la competitividad de una empresa, sino que, como ya apuntábamos anteriormente, la propia estrategia y gestión empresarial influyen decididamente en su competitividad.
2. Los efectos de la innovación en la empresa
Hemos visto cómo las empresas persiguen una mejora competitiva a través de la innovación. Por ello, sería muy útil conocer cuáles son los efectos percibidos de la innovación en las empresas y analizar cómo estos pueden desembocar en un aumento de la competitividad de las mismas.
Por ello, es muy conveniente que conozcamos la opinión de las empresas innovadoras en España acerca de los efectos que la actividad innovadora ha tenido sobre su actividad. Preguntados acerca de si consideraban que la actividad innovadora ha tenido una gran importancia sobre distintos aspectos, los resultados se reflejan en la Tabla 3.1.
Las empresas destacan, sobre todo, la gran importancia que ha tenido la actividad innovadora sobre una mayor calidad de los bienes y servicios, una mayor capacidad de producción o prestación de servicios y un cumplimiento de los requisitos normativos.
Además, las empresas innovadoras en España constatan otros efectos positivos de la innovación, como gamas más amplias de productos, penetración en nuevos mercados, mayor flexibilidad de producción, menores costes por unidad producida, ahorro de materiales y energía o menor impacto ambiental.
Tabla 3.1. Objetivos de la actividad innovadora en las empresas.
Parece, a la vista de los resultados, que los efectos de la innovación percibidos por las propias empresas son bastante positivos desde el punto de vista de su competitividad.
3. Qué factores potencian la innovación en la empresa
A pesar de lo interesante que ha sido analizar la visión de la innovación como un proceso lineal, donde principio y fin de la actividad innovadora aparecían claramente delimitados, tenemos que volver a apuntar, como ya hicimos en el capítulo anterior, que este tipo de modelos están claramente superados y que difícilmente se pueden observar como tales en la realidad.
La visión de la innovación tecnológica en la empresa de hoy en día se asimila a un proceso vivo, en el que confluyen elementos y factores, tanto de la propia empresa como del entorno, los cuales influyen en el proceso innovador.
Los factores externos que actúan sobre proceso de innovación de la empresa, los cuales ya han sido analizados en el apartado anterior, suponen el caldo de cultivo en el que nuestra empresa tiene que innovar.
Nos referimos a factores como el nivel educativo, el mercado de trabajo, mercados financieros, disponibilidad de nuevas tecnologías, tamaño del mercado o desarrollo empresarial, entre otros. Todos estos factores influyen claramente, apoyando o impidiendo que una empresa pueda innovar.
Así, no es extraño comprobar cómo las grandes empresas tecnológicas valoran en su decisión de implantación la existencia o no de escuelas de ingeniería en su zona y que estas pertenezcan a universidades con potentes programas de investigación.
De la misma manera, la innovación se ha beneficiado de la construcción de un gran mercado interior a nivel de la Unión Europea, donde cada vez más se comparte un marco de regulación del mercado, libertad de circulación de personas, capitales y bienes y normas de funcionamiento comunes. Aunque al mismo tiempo estemos convirtiendo el mercado español en 17 submercados, lo cual dificulta y pone barreras a la innovación.
Otros elementos, como el acceso a las nuevas tecnologías o la existencia de un tejido empresarial desarrollado, se convierten en facilitadores o inhibidores de la innovación. Por ejemplo, la existencia de redes y servicios de telecomunicaciones avanzados y a precios competitivos, son uno de los elementos que se han de valorar como promotores del desarrollo innovador en un entorno. Sin embargo, que en España tengamos en estos momentos uno de los precios más altos de acceso a Internet, no ayuda a que este sea un factor que apoye la innovación en la empresa.
De la misma manera, las empresas innovadoras demandan servicios especializados como ingenierías, consultorías, proveedores tecnológicos. La existencia o no de este tipo de empresas facilitan o dificultan la aventura innovadora.
Por tanto, el entorno en el que desarrolle su actividad la empresa es, sin duda, un elemento claramente potenciador o inhibidor de la innovación empresarial. Sin embargo, la empresa difícilmente puede incidir sobre los elementos anteriores, ya que estos suponen variables con los que esta tiene que contar y cuya evolución depende de la propia sociedad, decisiones políticas, cuadros macroeconómicos…
Además de los factores anteriores, los cuales sin duda son importantes, la empresa cuenta con una serie de elementos internos o micro, sobre los que puede actuar a través de la estrategia y la gestión empresarial. Esta estrategia y modalidades de gestión van orientadas a conseguir que la empresa sea una empresa innovadora, es decir, como ya definimos en el Capítulo 2, sea capaz de desarrollar nuevos productos o servicios, nuevas formas organizativas o nuevos sistemas de marketing.
La visión que tenemos de la empresa innovadora implica que para la implementación de procesos de innovación tecnológica se requiera de la participación de las diferentes áreas funcionales de la empresa, como marketing, finanzas, recursos humanos, producción, estructuras para la gestión del conocimiento o departamentos de I+D. Así, un modelo de gestión de la innovación tecnológica favorece las estructuras organizativas en red, con delegación de la toma de decisiones y fomento de la interacción entre áreas funcionales (sean éstas formales o informales).
Por lo tanto, desde esta perspectiva de la gestión de la innovación, la empresa la entendemos como un campo o espacio en donde se favorece la introducción del cambio técnico. Es decir, debemos abonar la empresa con buenas prácticas para que se creen las condiciones de fertilidad necesarias que induzcan y favorezcan la innovación tecnológica. Y en este sentido, sí es posible plantear un modelo de gestión de la innovación que recete unas prácticas mínimas que promuevan el cambio.
Pero, ¿qué tengo que hacer para convertir a mi empresa en una empresa innovadora?
Existen una serie de prácticas, las cuales serán abordadas en los capítulos siguientes, que favorecen la innovación en la empresa. Estas prácticas, aunque tienen su propia singularidad, deben entenderse como un conjunto coherente de actuaciones que la empresa debe emprender para iniciar el viaje de la innovación. Sería muy presuntuoso suponer que la simple puesta en marcha de una o varias de estas prácticas nos garanticen que la empresa se convierta en una empresa innovadora.
Veamos en la Figura 3.1, un esquema que sintetiza el modelo de gestión de la innovación y los elementos que lo componen.
Figura 3.1. Modelo de gestión de la innovación.
![]() Fuente: Elaboración propia sobre la base de distintos autores.
Extracto de la obra Gestión de la innovación empresarial. Claves para ser una empresa innovadora. Netbiblo, 2010
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